En mayo de 2026, el Manchester City vivió en el Etihad el cierre de una era: el entrenador Pep Guardiola dejó oficialmente el cargo tras el partido de clausura de la Premier League ante el Aston Villa. El club ha anunciado que, tras una década al frente del banquillo, asumirá el cargo de embajador global del City Football Group; fuentes fiables apuntan al ex entrenador del Chelsea, Enzo Maresca, como su sucesor. El periodista español Guillem Balague reconstruyó en redes sociales la lógica de las decisiones de Pep antes y después de su marcha, y las palabras que podría haberle dedicado a su relevo.
Una década de logros y el desenlace en la jornada 38
Pep Guardiola se marchará como el entrenador más exitoso de la historia del club: 20 trofeos importantes, un Etihad con capacidad para 55.097 espectadores y un periodo de dominio que quedó escrito en el mapa de la Premier League de la última década. Los resultados del sitio muestran que en la jornada 37 de la temporada 2025-26 el City empataba 1-1 fuera de casa, y en la 38 cayó 1-2 en casa — un final poco redondo, pero en contraste con lo que él mismo subrayaba: «mantener la decisión en mis manos y perturbar lo menos posible el rendimiento sobre el césped». En el quinto y el séptimo año había barajado marcharse, pero le convencieron de quedarse; en el décimo, eligió poner el punto final en el momento en que «un equipo más joven ya puede competir».
El momento de la marcha: una decisión que solo le pertenece a él
El 22 de mayo, Balague publicó en X que el momento en que Guardiola anunció su marcha fue «enteramente su propia decisión». En el artículo se señala que nadie en el club quería que se fuera y que, de haber existido alguna forma de retenerlo, el presidente Khaldoon Al Mubarak ya habría actuado; Guardiola «ya lo había dado todo». Lo más importante: la decisión definitiva de irse se tomó hace siete u ocho semanas — buscaba controlar el relato y evitar que, como ocurre con algunos entrenadores, el comunicado sacudiera de inmediato el vestuario y la clasificación.
Guardiola citó el precedente del Liverpool y de Klopp: el alemán anunció en enero de 2024 que dejaría el club al final de la temporada; la reacción inicial fue positiva, pero el rendimiento del equipo en la recta final decayó notablemente. Los datos del sitio también reflejan la presión: en la jornada 37, el Liverpool cayó por 2-4 fuera de casa; en la jornada 38, empató 1-1 en casa. Guardiola claramente no quería arrastrar al Manchester City a la misma «fatiga posterior al anuncio».
El precio del genio obsesivo
Balague describe a Guardiola como un «genio obsesivo»: alguien que sacrifica su vida por el fútbol y que, incluso tras encadenar títulos, apenas disfruta de ellos, porque «tras cada éxito, el instinto es volver a pensar, reinventar y empezar de nuevo». Ese perfil explica por qué, en su décimo año, le pareció más honesto un «final redondo» que prolongar la etapa a la fuerza: para jugadores, aficionados y club, una despedida previsible, no un derrumbe repentino.
Maresca toma el relevo: una personalidad propia más allá del vínculo maestro-discípulo
Maresca se desvinculó del Chelsea en enero de 2026, trabajó junto a Guardiola en el cuerpo técnico del Manchester City y los medios lo situaban como favorito para sucederle. Pero el entrenador catalán lanzó una advertencia directa a la directiva en su rueda de prensa de despedida: «Este trabajo no se puede copiar y pegar». El nuevo técnico debe ser «único, natural»; en cuanto empiece a imitar a su predecesor, «no funcionará». Añadió: «Te lo garantizo: si aún tuviera energía, me quedaría aquí, pero tengo la sensación de que pueden seguir haciendo sufrir a los rivales; la plantilla está en buen estado».
Para Maresca, esas palabras son a la vez un escudo y una presión: puede heredar el vocabulario del fútbol guardiolista, pero no puede interpretar el papel de un segundo Guardiola. El City necesita a alguien capaz de contar su propia historia en el Etihad, sobre todo con la sombra del Fair Play Financiero (FFP) aún presente.
Caso FFP y confianza: otra declaración antes de la marcha
Paralelamente, Guardiola también respondió a los 115 cargos de la Premier League por incumplimiento del FFP (2009-2018) que afronta el City. La audiencia concluyó a finales de 2024 y se espera un veredicto posiblemente este verano; de ser desfavorable, el club podría enfrentarse a multas millonarias, prohibiciones de fichajes, deducciones de puntos e incluso el riesgo de expulsión. Cuando le preguntaron por qué cree en la inocencia, repitió dos veces «porque confío en ellos» y subrayó que la mayoría de las personas implicadas entonces «ya no están», y que los jugadores y el cuerpo técnico actuales no deberían cargar con la culpa.
Un periodista le preguntó si volvería cuando se cierre el caso del FFP; respondió a medias en broma: «Si me encuentras, sí, claro, aunque será difícil». Tras la broma hay un límite claro: embajador global es un capítulo nuevo; el banquillo queda para la siguiente generación.
Mirada editorial: la esencia del relevo es la «desguardiolización»
Desde la óptica de su relato de carrera, esta despedida de Guardiola no es una huida tras un fracaso, sino un giro profesional en el que ha empaquetado tres objetivos: controlar la narrativa, proteger el balance y dejar entregado un proyecto más joven. La fortaleza de Maresca es su familiaridad con el ecosistema del City; su talón de Aquiles, que inevitablemente lo midan con la vara de la década pepiana. El aguafiestas que Pep adelantó con su «no copies y pegues» en realidad ayuda al sucesor a bajar las expectativas: hay que ganar a la manera de Maresca, no como el Pep de 2018-2024.
Qué sigue
Tres focos a corto plazo: si Maresca será anunciado oficialmente y cómo arma su cuerpo técnico; el calendario de la decisión del FFP y el posible impacto competitivo y en el mercado; si el City puede mantener la presión sobre el grupo aspirante al título en su primera temporada sin Pep. Para la afición, lo que más merece la pena tras el partido de despedida es si el nuevo entrenador encuentra una tercera vía entre el «efecto anuncio» al estilo Klopp y el «control activo del relato» de Pep: respetar la herencia y atreverse a reescribir el guion.