Spurs barren 4-1 y conquistan su primer título de la NBA en 1999 con Duncan al mando

Spurs barren 4-1 y conquistan su primer título de la NBA en 1999 con Duncan al mando

En la quinta contienda de las Finales de la NBA de 1999, cuando sonó el silbato final en el Madison Square Garden, el marcador reflejaba apenas un punto de diferencia —78-77—, y los San Antonio Spurs arrebataron a domicilio el Trofeo Larry O'Brien a los New York Knicks. Tras cinco partidos, la serie quedó 4-1: fue el primer campeonato de la historia de los Spurs y la última vez que San Antonio y Nueva York se cruzaron en la final.

Aquella temporada, la NBA acababa de reanudarse tras el lockout, con una fase regular reducida a 50 partidos, pero el ritmo de los playoffs no aflojó ni un ápice. Los Knicks abrieron camino por el Este hasta la final, mientras los Spurs llegaron a junio con un quinteto titular más cohesionado y una defensa más implacable. Los marcadores de la serie fueron 89-77, 86-83, 89-81, 96-89 y 78-77; en ningún encuentro se superaron los 100 puntos de suma —no fue una final de duelo ofensivo, sino una tras otra de guerras defensivas hasta la médula.

En los dos primeros partidos de la serie, los Spurs marcaron el tono en casa. En el estreno, Tim Duncan anotó 33 puntos, máximo de la noche, mientras Allan Houston sumó 19 por los Knicks en el 89-77 que dio el primer triunfo a San Antonio. El segundo partido fue más ajustado: Latrell Sprewell descargó 26 puntos por Nueva York, pero Duncan respondió con 25 más en el 86-83, y San Antonio se fue 2-0 arriba dejando toda la presión sobre el rival.

Los Knicks reavivaron la intriga en el tercer encuentro. Houston estalló con 34 puntos, y aunque el pívot de los Spurs David Robinson también aportó 25, Nueva York se impuso 89-81. Aquella noche, los vítores de las gradas del MSG hacían vibrar el parquet del Madison Square Garden: los seguidores de los Knicks vislumbraban una rendija de esperanza, mientras en el vestuario de los Spurs veían claro que el camino al título nunca es recto.

En el cuarto partido, los Spurs respondieron al instante. Duncan lideró con 28 puntos y Sprewell volvió a sumar 26 para llevar el duelo al límite; al final, 96-89 y San Antonio se puso 3-1 arriba con punto de partido. La verdadera asfixia llegó en el quinto: Sprewell anotó 35, récord de un jugador de los Knicks en una sola final de esa edición, y casi por sí solo sacó al local del abismo; Duncan contestó con la misma dureza y 31. 78-77, un punto de diferencia, sin prórroga, sin palabras de más: el campeonato quedó escrito en el último posesión.

Si se repasan los cinco partidos, la estabilidad de los Spurs aparece en casi cada línea: Duncan fue el máximo anotador del equipo en cuatro de cinco encuentros, y Robinson tomó el mando en la pintura en el tercero; el ataque de los Knicks dependió en gran medida de Sprewell y Houston, que se turnaron para cargar con el scoring en los cinco juegos — Sprewell lideró al equipo tres veces y Houston, dos. Nueva York tuvo destellos, pero San Antonio, con un aporte estelar más constante y una defensa más cohesionada, convirtió el 4-1 en un resultado lógico.

Para los Spurs, ese trofeo marcó el inicio de la cultura campeona de la era Tim Duncan y permitió a David Robinson tocar por fin el anillo en el ocaso de su carrera. Para los Knicks y la afición del MSG aquella noche, un punto basta para recordarlo muchos años: los 35 de Sprewell y los 34 de Houston demostraron que Nueva York no fue barrida, pero los Spurs, en cinco duelos de marcadores bajos e intensidad máxima, completaron su primer título en la historia del club.

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