Mofokeng hereda el dorsal 10 de Sudáfrica y prolonga la leyenda de Bafana

Mofokeng hereda el dorsal 10 de Sudáfrica y prolonga la leyenda de Bafana

El internacional sudafricano Relebohile Mofokeng hereda la camiseta número 10 de Bafana Bafana (Sudáfrica), un dorsal que Pelé, Maradona, Zidane y Messi inscribieron en la historia del fútbol. Para este joven jugador conocido por su serenidad, la presión quizá no se refleje en el rostro, pero el número en sí implica una responsabilidad añadida, sobre todo con un ranking FIFA aún en el puesto 60 y tras una racha reciente de empates en las eliminatorias (0-0 ante Kenia, Guinea y Eritrea). El 10 es a la vez un honor y la vara de medir con la que la afición examina al referente ofensivo.

El peso del dorsal

En Sudáfrica, el 10 nunca ha sido solo un número en la pizarra táctica. Está ligado a la memoria colectiva del título en la Copa Africana de Naciones de 1996, y también a los nombres que marcaron el ritmo en sus dos aventuras en el Mundial. En el momento en que Mofokeng toma el relevo, en las gradas no solo se debate quién puede vestirlo, sino quién puede convertir los empates mudos en goles, algo que no contradice el perfil estadístico actual de la selección.

Maishoe: un centrocampista grabado en la historia del equipo

Para muchos, John 'Shoes' Moshoeu (John Moshoeu) es uno de los mejores jugadores que han vestido la camiseta de la selección, o al menos el centrocampista más destacado: cuando estaba en plena forma, podía desmantelar prácticamente solo a los rivales. Tras debutar en 1993 contra Botsuana, defendió los colores de la selección durante 11 años, formó parte del equipo campeón de la Copa Africana de Naciones de 1996 y acompañó al combinado en dos Mundiales; no viajó a la segunda cita global, pero cerró su etapa internacional en 2004, a los 38 años, como el jugador más longevo en la historia de Sudáfrica: 73 partidos y 8 goles. En 2015, Moshoeu falleció tragicamente a los 49 años. Asociar el dorsal 10 con él equivale a cargar las expectativas de la afición con «núcleo técnico + experiencia en grandes torneos».

Mnguni: la «sorpresa» del Mundial de 2002

En cuanto al contraste, la historia de Bennett Mnguni resulta la más sugerente: le encomendaron el dorsal 10 en el Mundial de 2002 en Japón y Corea del Sur, pero no disputó ni un minuto — entre 2001 y 2004 acumuló solo 13 partidos con la selección y cero goles, y aun así quedó marcado como «el que menos parecía un diez». A nivel de clubes, en cambio, fue una estrella del Mamelodi Sundowns, antes de emigrar a Rusia, donde pasó por el Lokomotiv de Moscú y el FC Rostov. Este recorrido recuerda a quienes vienen detrás que el número en la selección a veces responde a una elección de época, y no siempre equivale al rendimiento inmediato en un torneo concreto.

Pienaar y Serero: talento, contratiempos y cuentas pendientes

En términos puramente técnicos, Steven Pienaar quizá sea uno de los futbolistas más dotados que han vestido la camiseta de Bafana; el problema es que sus compañeros no siempre podían seguirle el ritmo a su visión y su inteligencia en el campo, y a menudo se mostraba frustrado en el terreno de juego. Debutó en 2002 ante Madagascar y disputó su último partido con la selección en 2011: 62 encuentros y 3 goles; hoy ejerce como entrenador de cantera en el Ajax. Después, cuando Thulani Serero heredó el 10, sus cifras también «no estaban a la altura de su fama»: 42 partidos y solo 2 goles, y la opinión generalizada era que podría haber tenido más oportunidades y más tantos. Entre los dos trazan otra realidad del 10 en Sudáfrica: la brecha entre el brillo individual y la sintonía colectiva.

¿A qué se enfrenta Mofokeng?

Unido todo esto, la tarea de Mofokeng es bastante clara: no tiene que copiar el regate de Moshoeu ni la inspiración de Pienaar, pero debe convertirse en un eje ofensivo capaz de romper los partidos clave. Su temperamento sereno le favorece: históricamente, no todos los diez han asumido el peso del gol desde el primer año con la camiseta; sin embargo, en una fase de eliminatorias con 0-0 consecutivos y con puntos y ranking (1429,73 puntos, variación en el ranking: 0) temporalmente bloqueados, la paciencia de la afición no es infinita.

Desde la grada, la camiseta número 10 es más bien un espejo: refleja la tarde dorada de 1996, la polémica de «sobrevalorado» de 2002 y la pena del talento desperdiciado en la década de 2010. Si Mofokeng mantiene en la próxima fecha FIFA la regularidad que muestra en el club, tendrá la oportunidad de pasar del debate «¿se la merece?» al «¿hasta dónde puede llevar a Bafana?». Hasta entonces, al menos ya está en una línea de herencia digna de respeto; lo que sigue es escribir su propio capítulo con goles y asistencias.

Punto de observación: seguir las decisiones de Mofokeng con el balón en el tercio ofensivo y su último pase; y también si Sudáfrica puede romper la racha reciente de empates y volver a asociar el diez a la victoria y no al «empate sin goles».

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